sábado, 28 de diciembre de 2013

La fuerza, una búsqueda de 5.000 años desde las civilizaciones más enigmáticas y herméticas



La fuerza, esa energía primigenia que en Star Wars era la llave del poder para un jedi. Ese místico poder que rodeaba a Yoda o Obi Wan  y que a todas luces parecía una fumada de proporciones cósmicas es, en realidad, un tema muy serio que el ser humano lleva más de 5.000 años estudiando. George Lucas, utilizó a ese pequeño duende de Yoda y sus parábolas para transmitirnos, en un idioma que pudiésemos retener, lo que la filosofía oriental investiga desde hace por lo menos 5 milenios: la matriz primordial de la realidad; una red energética que sería la causa de todas las cosas.

Se la ha conocido con diferentes nombres desde las más tempranas civilizaciones; para los egipcios era el ka “un componente que proporciona la forma y la vida”; para la filosofía hindú es el prana una energía con iguales cualidades; para el taoísmo chino es lo mismo, pero lo llaman ki. Y, así podríamos seguir estableciendo la misma pauta con otras filosofías como el budismo o el jainismo por ejemplo. Lo realmente importante de estas tradiciones de pensamiento es que no solo tratan a esta energía primigenia como un tema abstracto, sino que la consideran como un elemento tangible que puede llegar a conocerse y manipularse a través del entrenamiento y la practica. 


Se trataría de una fuerza sutil que discurre por dentro y fuera de todos los seres humanos, dotándolos de vida e interconectándolos con lo que le rodea para crear un todo entre todos los seres y elementos del cosmos. En china, por ejemplo, desde hace tres milenios, tradiciones de pensamiento como el taoísmo y posteriormente el budismo, han centrado sus esfuerzos en la introspección a la búsqueda de ese supuesto campo energético. Fruto de esos estudios, aparecieron diversas artes marciales como el Tai Chi, el Aikido o el Chi Kung y medicinas alternativas como el reiki, la acupuntura y la digitopuntura. Los iniciados en estos secretos, afirmaban que esta energía tiene el poder de curar cierto número de enfermedades y otros males, restableciendo el flujo del Qí o energía vital por el cuerpo.

Sin embargo, la ciencia occidental nunca pudo encontrar vestigios de esta energía elemental y se mostró contraria a la existencia de su existencia, hasta los últimos hallazgos de la física que desvelan un paradigma del cosmos relleno de incertidumbres. Apenas conocemos un 5% de los componentes de nuestro universo. El resto, poco más del 95%, se presenta en forma de energía oscura y materia oscura que no podemos explicar ni detectar directamente. Se explica de manera muy amena en el blog guillegg.wordpress.com, “La materia oscura es exactamente lo que dice en la lata: es oscura y compuesta por una misteriosa sustancia que no emite ni absorbe luz. Lo único que sabemos es que existe debido a sus efectos gravitatorios sobre la materia normal que podemos ver. La energía oscura no está tan bien descrito por su etiqueta, es una fuente de energía invisible que impulsa la expansión post-Big-Bang, acelera misteriosamente el universo”.

A raíz de las incógnitas que deja el nuevo mapa de la realidad, la comunidad científica empieza a flexibilizar sus opiniones y contraponer las visiones de la realidad provinientes de las filosofias orientales y la ciencia. “La ciencia hoy describe escenarios ya anticipados por la mística”, afirma Michi Kaku, profesor de física galardonando con un Nobel, quien reconoce que las visiones del budismo y el taoísmo sobre la realidad como “una gran matriz energética” son muy similares a los conceptos que baraja la física moderna para catalogar la esencia de la realidad a nivel subatómico. Es decir, como un gigantesco campo energético de cuerdas entrelazadas.

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