viernes, 28 de marzo de 2014

Slackline:vacilando a la gravedad


Miles de practicantes de este deporte se cansaron de tener los pies en el suelo y se dedican a tentar a la física desde todo tipo de parajes espectaculares

Dos dedos de ancho y quince metros de largo: esa es la longitud de esta cuerda de nailon sobre la que los practicantes de Slackline nos proponen dar saltos y cabriolas circenses. No hay que echarse atrás, es más fácil de lo que parece. Cuando empecé a practicar con esta fina y estrecha línea, pensaba que la vida ya era suficientemente complicada como para jugarme el cráneo dando saltos en una cuerda suspendida en el aire. Pero, después de un tiempo, he de reconocer que echar un pulso con la gravedad (y con el agravante de pesar unos kilos de más) es jodidamente divertido. 



Sus practicantes destacan de esta disciplina el grado de autocontrol que te da sobre tu propio cuerpo y sobre todo, el grado de concentración que adquiere tu propia mente. Y, es que la practica de la slackline fuerza a la psique a concentrarse en un solo punto, respirar profundamente y mantener hasta la última fibra de tu ser en tensión para dar el próximo paso. Pura meditación en movimiento. Aunque a diferencia de esa practica estática, en la slackline, si te quedas enganchado con tus pensamientos, te vas directo al suelo.

Este deporte nació en los años ochenta, cuando Adán Grosowsky y Jeff Ellington, un par de escaladores que estaban en Yosemite, decidieron utilizar una cuerda de escalada entre dos cornisas muy elevadas para... (para vete a saber dios qué) y desde entonces su uso se ha ido propagando por el mundo entero. Obviamente, también está inspirada en el ejercicio circense del Funambulismo que lleva practicándose desde antes del imperio romano. Es un deporte que practica gente de todas las edades y que al contrario de lo que parece no es muy arriesgado (basta con poner la cuerda bajita). Eso si, si te va el rock and roll o caminar sobre el filo de la navaja, la slackline te va dar horas de juego y algún que otro ligamento roto. 

 
Lucas Balcázar

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