martes, 13 de mayo de 2014

Bansky: el “ninja” del arte urbano


Este enigmático artista callejero se ha convertido en una sombra anónima que transforma los recodos grises de numerosas ciudades en auténticas obras de arte

Nadie sabe quien es, pero casi todos conocemos su trabajo. De manera silenciosa y anónima, el artista callejero conocido como Bansky ha ido metamorfoseando las grises comisuras de muchas calles en auténticos poemas visuales con una fuerte carga reflexiva. Los muros de un edificio, el asfalto de las aceras o incluso las puertas se han convertido en lienzos vivos para este autor a quien se supone británico, pero a quien ningún medio ha conseguido entrevistar o ver. 

Y, es que es tan rápido no olvidemos que el graffitti es  ilegal que hará uno de sus pinturas en menos de lo que tú tardas en leer este artículo. Bansky se mueve velozmente; fuera de los focos. Cuando todo el mundo duerme, juega su mano a mano con la ciudad, lavando sus contornos más grises y decaídos y dándole nuevos usos: las paredes anodinas de cualquier avenida se pueden convertir en candidatos a contener un alucinante y crítico mural sobre el consumismo o la paradójica comunicación en la era digital.


Este pintor inglés, es en gran medida apreciado, por el contenido reflexivo de sus graffittis: va más allá de la estética, para provocar una intensa reflexión en el espectador. Parte de su leyenda estriba en que nadie o casi nadie conoce su verdadera identidad. Eso le ha convertido en un símbolo; en algo que transciende su propia persona y lo envuelve en una aureola de misterio. Lo que no han dudado en aprovechar las galerías de arte y los marchantes para vender sus obras por precios que suben normalmente de los cien de los grandes 100.000 euros. Eso, precisamente, le  reprochan algunos sectores del arte callejero que le consideran  "un vendido" al mercado, ahora que sus obras se venden en subastas o que ha colaborado con Damien Hirst, uno de los paradigmas de la monetarización del arte. 

El mundo de los graffiteros siempre ha sido fuertemente transgresor y considera a la pintura callejera como una herramienta para luchar contra un sistema corrupto e injusto. De ahí que vean las colaboraciones de Bansky con multinacionales y las subastas millonarias de sus piezas como un acto de traición. Pero, ¿Dónde está el equilibrio? ¿Qué pesa más? ¿colaborar con el sistema y tener dinero para cambiarlo? ¿O negarse la posibilidad de monetizar tus creaciones artísticas?.

En cualquier caso, pese a sus detractores, Bansky siempre se ha caracterizado por su carácter altruista y antipublicitario. Durante su última–y controvertida estancia en Nueva York- el graffittero británico donó una caústica obra titulada La Banalidad de la Banalidad del Diablo,donde se representa a Hitler contemplando la campiña, a una tienda de segunda mano, dirigida por Housing Works, una asociación que trabaja con enfermos de sida y personas sin techo. La subasta alcanzó un precio de 615.000 dólares. También son gestos significativos, los murales que el artista inglés creó en el muro que separa Israel y Palestina o el dibujo llamado Los amantes del móbil que el graffitero pintó en la puerta de entrada de un club juvenil de Bristol que estaba en ruina y que ahora, gracias a esa donación, podrá seguir ayudando a los jóvenes del barrio.



Aunque, el verdadero valor de la obra de este enigmático graffittero está en la ruptura de la monotonía que instauran sus dibujos en el gris y tedioso trazado urbano de las ciudades modernas.  El entorno tiene una gran importancia en la formación de la personalidad de los individuos y en sus emociones y caracteres. Y, en ese campo, no se puede decir que la mayoría de arquitectos contemporáneos hayan estado muy preocupados en generar ciudades visualmente atractivas para que sus moradores puedan sentirse en un contexto estimulante. Obras como las de Bansky y otros artistas callejeros son un antídoto contra el tedio en el mar inmenso de bloques de hormigón y a la vez nos fuerzan a reflexionar sobre hábitos tan arraigados que ya consideramos “normales”.

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                                          Graffittis de Bansky en el muro de Palestina


                               

                        


                                            Bansky por el mundo














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