viernes, 27 de junio de 2014

Napal, heroína y muerte en Vietnam


Una atmósfera saturada de humedada. Calor. Miedo. El ejercito del Vietcong, moviéndose ágilmente por la selva como si fueran una prolongación de la jungla. Y, por allí perdidos, cientos de soldados americanos, escuchando las puntadas electrizantes de Jimmi Hendrix en Little Wing, en sus barracones, mientras apuraban sus porros de marihuana, que habían comprado en Saigon, en las míticas tiendas Craven "A" y Park Lane, o apurando sus hipodérmicas para escapar mentalmente de esa gran masacre que fue la Guerra de Vietnam ( 1959-1975 ).

 
 
Vietnam: una gran cagada de esas tan típicas del siglo pasado. Murieron casi seis millones de vietnamitas y casi sesenta mil estadounidenses. Seis millones. Una cifra que de fallecimientos, que parece incomesurable, impensable. ¿Cómo lo pudieron afrontar los soldados americanos en el terreno? Drogas, asesinas del dolor. No tiene otra. Compraban heroína y marihuana de las zonas del triangulo Dorado — donde confluyen Laos, Tailandia y Birmania— y le daban caña hasta estar tan entumecidos que pudieran arrancarse de la mente, masacres como  la matanza de My Lay, donde el ejército estadounidense arrasó, y se pasó por la piedra a un pueblo entero de más de 400 personas, por que tenía sospechas de que escondía a agentes del vietcong. Qué bien retrataba, esa mierda la diatriba del teniente Kilgore en la pelicula Apocalipsis Now: ''¿Hueles eso? ¿Lo hueles muchacho? Es Napalm hijo. Nada en el mundo huele así. ¡Me encanta el olor a napalm por la mañana! Un día bombardeamos una colina durante 12 horas. Cuando todo acabó, subí. No encontramos ni uno. Ni un sólo cadáver apestoso de esos jodidos chinos. ¡Ese olor, ese olor a gasolina quemada! Olía a… victoria''. 

                        
 
¿Cómo pasar por experiencias semejantes? A finales de los años sesenta y principios de los setenta, el consumo de drogas en algunas unidades en Vietnam alcanzó proporciones casi epidémicas y la favorita no era ya la droga blanda, la marihuana, como al comienzo del conflicto, si no la poderosa heroína. Un informe elaborado por el Pentagono en 1973 estimaba que el 35% de todos los hombres alistados en el Ejército que sirvieron en Vietnam habían probado la heroína y que el 20% se hicieron adictos en algún momento de su servicio. Muchos ex-combatientes de Viertnam decían que lo que les llevó, a muchos, a las drogas duras, fue ''la frustración de participar en una pequeña guerra sucia y prolongada que aparentemente no afectaba en nada a la vida nacional''. 

Y, era verdad: Eisenhower o Lyndon B. Johnson o el malvado Nixon— los tres presidentes estadounidense que se comieron la parte gruesa de la guerra del Vietnam — pesaban más en términos como: esferas de influencia o Teoría del Dominó, justificando que una guerra contra los pobres vietnamitas, era absolutamente necesaria para parar el avance del comunismo en el mundo, que a la postre hubiera eliminado mercados para el mayor exportador y dealer del mundo: United States. Tuvieron que morir más de seis millones de personas en Vietnam – más lo que palmaron en las guerras encubiertas contra la Laos y Camboya – para que los yankis tuvieran abiertos sus mercados en la península de Indochina.

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