miércoles, 18 de junio de 2014

Resulta que Drácula se vino a morir al Mediterráneo


No sabe nada Drácula. Se pasa la vida pegando bocados a hermosas damiselas; tiene el secreto de la vida eterna y no anda mal de pasta a juzgar por todos los castillos que tiene. Pero, encima, como quien no quiere la cosa, se viene a morir al mediterráneo. Supongo que descansar para toda la eternidad – si es que lo hace y no está suelto liándola – en Rumania debe ser una cosa espantosa. No. El se debió negar y apostó por Nápoles, cerca del mar, un buen lugar. 





Es allí, donde un grupo de investigadores estonios afirman haber encontrado la tumba del conde Vlad Tempes III, conocido por sus enemigos como un sádico tremendo a quien llamaban Dracula, que significa hijo del dragón, en rumano, en honor a su padre conocido como Dracul, el dragón. Una familia pintoresca. Este grupo de investigadores de la Universidad de Tallin afirman, que el príncipe rumano que sirvió a al escritor irlandés Bram Stoker de inspiración para crear su mítico personaje del conde Drácula, está enterrado en la Iglesia napolitana de Santa María de la Nova, donde se encuentran la tumba de su hija y su yerno. Todo el mundo pensaba que Vlad III, el 'Empalador', decimoquinto Príncipe de Valaquia, como también se le conocía, estaba enterrado en algún monte rumano, tras el último enfrentamiento que tuvo en el campo de batalla contra los otomanos por allá en los vuelos de 1476. Casi nada.
 
Y, ahora el tipo parece estar sobando en el sarcófago de piedra de una vieja iglesia napolitana. O, al menos eso creen este equipo de estudiosos estonios que barajan la posibilidad de que el viejo 'vampiro' no hubiera muerto en el campo de batalla, sino que su hija Maria que estaba casada con un noble de Nápoles pagó un rescate para salvar al principe Drácula de los otomanos y que pasará sus últimos días al calor del mediterráneo. La historia de la tumba napolitana de este príncipe, de quien se dice que llegó a empalar a 100.000 personas, es un tanto rocambolesca – tanto que hasta el mismo Bela Lughosi se levantaría de su tumba–, pero en palabras al diario italiano Il Mattino, el historiador Rafaello Glinni, comentó que la lápida tiene múltiples símbolos transilvanos, lo que resulta sumamente extraño para cualquier italiano que allí hubiera sido enterrado. “Si uno se fija en las esculturas en bajo relieve, el simbolismo es obvio. El dragón significa Drácula y las dos esfinges opuestas representan la ciudad de Tebas, también llamada Tepes. En estos símbolos está escrito el nombre del propio conde: Drácula Tepes”.
                 
                           

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