jueves, 24 de julio de 2014

¿ Por qué Indonesia ha tardado más de 50 años en volver a tener un presidente que no fuera militar?


Al fin ha llegado a Indonesia un presidente civil y elegido democráticamente, Joko Widodo, algo que no pasaba desde la destitución del primer dirigente de esta nación isleña, el nacionalista y civil Sukarno, hace casi cincuenta años. En ese lapso, la dictadura del militar Suharto, apoyada y mimada por EE.UU, convirtió a este nación en isleña, en todo aquello contra lo que habían luchado tanto: en una tierra al servicio de los intereses corporativos de estados extranjeros. Ahora, Widodo se convierte en el primer presidente, después de Sukarno – y sus mandatos distan casi cincuenta años– que no pertenece a la cúpula militar. Tampoco, habían tenido los indonesios muchas opciones de ir a las urnas: en 2004 se celebraron las primeras elecciones democráticas en este país compuesto por miles de islas perdidas en el pacífico, que durante el último siglo han sido expoliadas por la corrupción de sus políticos y los intereses corporativos de grandes transnacionales. 



Apenas había pasado un cuarto de siglo, desde que Sukarno, declarara la independencia de una Holanda, herida y mutilada, tras la segunda Guerra Mundial, que se invertían las tornas: el estado libre soberano, no-alineado en la Guerra Fría, extremadamente nacionalista y antiimperialista, volvía al redil de occidente gracias al general Suharto. El hombre que tras reptar al poder y echar a Sukarno, implantó una dictadura de treinta años, con las puertas abiertas a todos los coleguitas de las multinacionales. Le salió bastante rentable, fue considerado por por Transparency International como el hombre más corrupto del mundo; el que más se había enriquecido en su paso por el poder, al amasar unos 35.000 millones de dólares (más de 24.000 millones de euros).


Suharto, que era un militar que comandaba un unidad de élite del ejercito – lo que consideraríamos ahora como un 'super matón'– , llegó al poder tras desarticular un golpe de estado un poco raruno. La historia oficial dice que los comunistas del país, fundaron un grupo conocido como Movimiento del 30 de septiembre para derrocar a Sukarno y hacerse con el poder. En esa tentativa, atribuida a al Partido Comunista Indonesio, duro 48 horas y murieron seis general del ejército. Poca cosa. Pero, los militares utilizaron el pretexto, como Hitler lo hizo con el incendio del Reichstag, para asesinar de 500.000 a 1.000.000 de personas, acusadas de pertenencer o estar relacionadas con el Partido Comunista Indonesio.



El presidente Sukarno, el objetivo del presunto intento de golpe del PKI, comparó la violencia asesina del ejército contra los estigmatizados con el caso de alguien que “quema una casa para matar a una rata”. Protestó repetidamente contra las exageraciones del ejército sobre el Movimiento 30 de Septiembre. No fue, dijo, ''nada más que una onda en el amplio océano''. Su incapacidad o falta de disposición de hacer otra cosa que protestas retóricas, sin embargo, terminó por condenar su régimen. En marzo de 1966, Suharto se apoderó del poder para despedir, nombrar y arrestar a ministros del gabinete, incluso mientras mantenía a Sukarno como presidente figurón hasta marzo de 1967. El gran orador que había dirigido la lucha nacionalista contra los holandeses, el visionario cosmopolita del Movimiento No-Alineado, fue menos hábil que un taciturno, inculto, brutal y corrupto general de una aldea javanesa.


Dos profesores de Historia, John Roosa, profesor adjunto de historia en la Universidad de British Columbia, y Joseph Nevins, profesor adjunto de geografía en Vassar College, que han publicado numerosos libros sobre el tema, defiende que todo este 'montaje' político contribuía a los intereses americanos en la región : ''Suharto, un don nadie en la política indonesa, actuó contra el PKI y Sukarno con el apoyo total del gobierno de EE..UU. Marshall Green, embajador estadounidense en Indonesia en aquella época, escribió que la embajada había “dejado en claro” al ejército que Washington “simpatizaba con y admiraba en general” sus acciones. Asimismo, la embajada de EE.UU. suministró equipo de radio, walkie-talkies, y armas de pequeño calibre a Suharto para que sus soldados pudieran realizar el ataque contra civiles en todo el país. Un funcionario diligente de la embajada con un gusto por la recolección de datos hizo su parte al entregar al ejército una lista de miles de nombres de miembros del PKI. Un tal apoyo moral y material fue muy apreciado por el ejército indonesio''.




Esta colaboración entre EE.UU. y la máxima dirección del ejército en 1965 se arraigaba en el antiguo deseo de Washington de tener un acceso privilegiado y reforzado a la riqueza en recursos del Sudeste Asiático. Mucha gente en Washington consideraba a Indonesia la pieza central en la región. Richard Nixon dijo que el país “contiene la acumulación más rica de recursos naturales de la región” y que “es de lejos la recompensa más grandiosa en el área del Sudeste Asiático”. Dos años antes, en un discurso en Asia en 1965, Nixon había argumentado a favor de bombardear Vietnam del Norte para proteger “el inmenso potencial mineral” de Indonesia”. Pero aparecieron obstáculos a la realización de la visión geopolítica-económica de Washington cuando emergió el gobierno de Sukarno en Indonesia después de la independencia. La política interna y extranjera de Sukarno era nacionalista, no-alineada, y explícitamente antiimperialista. A parte que, su gobierno mantenía una relación de trabajo con el poderoso PKI, y Washington temía que este último terminaría por ganar las elecciones nacionales.

 

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