miércoles, 9 de julio de 2014

Vender el alma a cambio del 'Blues'


En el delta de Missisipi hay una leyenda que dice que el Diablo espera por las noches en los cruces de los caminos para comprar el alma de aquellos que quieran ser los maestros del Blues


"Si quieres aprender a tocar lo que sea y a hacer tus propias canciones, coge tu  guitarra y vete a un cruce de caminos. Ve e intenta estar un poco antes de las doce para asegurarte de no llegar tarde. Coges la guitarra y te pones a tocar un tema ahí sentado. Solo. Entonces un gran hombre negro llegará caminando, te cogerá la guitarra y la afinará. Después tocará un tema y te la devolverá. Así es como aprendí todo lo que quisiera", Tommy Johnson en palabras recogidas por su hermano el reverendo LaDell Johnson.

En la mitología de Mississippi existen muchas leyendas relacionadas con el blues, pero tal vez la del ritual de vender el alma al diablo para obtener una habilidad única con la guitarra, sea una de las más recurrentes en la cultura popular del sur profundo de Estados Unidos. El Blues literalmente 'melancolía o tristeza' y que se suele definir normalmente como 'la música del alma' es un genero desgarrador, profundo, que parece cogerte de las entrañas para que te levantes y te tomes tu último whisky y te fumes tu último cigarrillo antes de palmarla. Los orígenes de su fuerza y 'malditismo' están en los orígenes de su melodía: nació con la emancipación de los esclavos negros en Estados Unidos en una fecha que podemos situar entre los años 1870 y 1900, y en un lugar comprendido entre los estados de Mississippi, Louisiana, Georgia y Alabama, en una geografía llena de páramos solitarios, que inspiraban una profunda soledad. 






Y, es allí, en esos pantanos perdidos de la manos de dios, cuando se cruzan los bluesmen y su presunto patrocinador Mefistofélico para hacer un trapicheo en una bifurcación de caminos: el alma, del guitarista – solitario, probre, sin más posesión o compañía que su guitarra– a cambio de la habilidad suprema para comprender a su única compañera y obtener su maestría. Cuenta la leyenda que más de uno aceptó el trato, el más famosos, fue el genial Robert Johnson, conocido como El Rey del Delta blues. Sus datos biográficos se confunden con la leyenda que él mismo fomentó y que en los años 60 creció hasta alcanzar la categoría de mito. ''Sus comienzos en el mundo del blues, primero con la armónica y después como mediocre guitarrista, tienen lugar con el padrinazgo de músicos de la talla de Charlie Patton, Son House o el desconocido Willie Brown, a los que acompañaba en sus giras por garitos y tugurios de la zona cercana a Robinsonville. Y aquí entramos en la leyenda. Tras la muerte de su mujer su carácter taciturno e inclinado a la bebida se acentúa y alterna sus trabajos como temporero del algodón con el dudoso negocio de la música para diversión de los trabajadores de las plantaciones.         


Robert Johnson desaparece de Robisonville sin que nadie pueda dar noticia de sus andanzas hasta que, pasado un año, vuelve a aparecer y a encontrarse con sus amigos. El inexperto guitarrista se había metamorfoseado en un interprete rotundo que hacía palidecer a todos los bluesmen de la zona, como si en algún lugar desconocido alguien le hubiese regalado esa voz aguda y alterada por falsetes increíbles y una forma intuitiva de tocar la guitarra que crearía escuela; las cuerdas bajas marcando un walking bass hipnótico y las otras adquiriendo vida propia. Con el slide arrancaba lamentos como nadie lo había hecho. Keith Richards, el guitarrista de los Rolling Stones recuerda la primera vez que escuchó un disco de Robert Johnson en casa de Brian Jones, «¿Quién es ese?»; «Robert Johnson» «Vale, pero… ¿quién es el otro tipo que toca con él?». No podía creer que fuese una sola guitarra'', cuenta sobre él la revista la revista Bluespain. Para después añadir: ''Para sus conocidos, la escuela donde tuvo lugar su aprendizaje no era ningún misterio;el camino era bien conocido en el Delta y muchos otros lo habían seguido antes''. Su muerte, al igual que su vida, estuvo envuelta en misterio. No se sabe, a ciencia cierta, qué le pasó. Solo que murió con 27 años, cuando estaba empezando a paladear la fama.


Tommy Johnson, otro músico de la misma zona y de la misma época lo contó con sus propias palabras: ''Para aprender a tocar todo lo que quieras y componer tus propias canciones, tienes que llevar tu guitarra a un cruce de caminos, al lugar donde dos caminos se cortan. Ve allí y asegúrate de estar en el sitio preciso antes de la medianoche; entonces, coge la guitarra y toca algo tuyo. Un hombre grande y negro irá hasta allí, cogerá tu guitarra y tocará para ti, hará sonar tu canción y te devolverá la guitarra. De esta forma aprendí todo lo que necesito para tocar ''.

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