lunes, 29 de septiembre de 2014

De profesión, cazador de anacondas en Camerún


Cazar una pitón – de hasta seis metros de largo– es el trabajo cotidiano de estos cameruneses, que siguiendo el método tradicional de la tribu G'baya, se dedican a cazar anacondas con las manos. Sí, es increíble. Esta tribu originaria del África central ha desarrollado, a través de cientos de años, una técnica tan peligrosa como mortal: cazar pitones de hasta seis metros de largo, sin otra ayuda que sus propias manos. Y, la verdad parece que les funciona. Veamos en que consiste el método. 

Primero, hay que taparse el brazo con una piel antílope o cabra para mitigar el bocado de esta estranguladora, que llega a medir seis metros y es capaz de zamparse a casi cualquier animal que pase por esa región – incluidos humanos, porsupuesto–.

   Atención a la fina pielecilla que les sirve de protección para el mordisco de 
   una anaconda de pesadilla. 

lunes, 22 de septiembre de 2014

Como Bélgica conquistó el Congo, lo desangró ( y encima quería hacerlo pasar por una acción altruista y caritativa)


Chomsky decía que muchos estados, desde el Imperio romano, se vestían con una aura de benevolencia y altruismo cuando querían conquistar otro país para camuflar sus salvajadas y encima quedar bien. El académico estadounidense apuntaba, muy sagazmente, que la mayoría de estados invasores, llevan repitiendo casi dos milenios las mismas historias: qué si van a llevar al progreso al país conquistado, liberarlo de sus opresores, llevar la civilización etc.. etc.. Ese fue, también, el caso del estado que llevó a cabo uno de los crímenes más sanguinarios que la humanidad ha conocido: hablo del genocidio del Congo; de los entre 5 y 10 millones de personas que se calcula murieron a manos de los belgas durante la 'estancia' de este país europeo en las verdes laderas centroafricanas que abrigan al rio Congo, que le dio el nombre al país. 

       El dominio belga del Congo fue una de los actos más oscuros de la humanidad. 

martes, 2 de septiembre de 2014

La invasión del Tíbet, una pérdida irrecuperable para el conjunto de la humanidad

El Tíbet ha dado luz a unas de las culturas más espirituales que el mundo ha conocido: sus monasterios son los que mayor números de ''sutras'' (enseñanzas budistas) contienen en todo nuestro pequeño planeta. Generaciones de tibetanos se han dedicado a esculpir laboriosamente en planchas xilográficas, desde hace 1.300 años, todo tipo de compendios de medicina alternativa, psicología, misticismo e historia y astronomía, entre otras disciplinas. Sin embargo, la cultura tibetana se está destruyendo a gran velocidad gracias al sistema de homogenización cultural que China está llevando a tierras tibetanas desde su invasión en  1960. Los chinos, se aferran a Marx  - y no han pasado años ya- para decir que las creencias tibetanas de los budistas son una adicción a la morfina que hay que eliminar.

 Antes de la Revolución Cultural, en China había una fuerte implantación del budismo que compartía espacio con otras doctrinas como el taoísmo ( basada en el libro de los cambios de Lao-Tse), pero la aplicación de las doctrinas marxistas por parte del Partido comunista de china sesgó las raíces teológicas del pueblo chino.


   En Tíbet, la represión, contra cualquier pequeño acto de protesta, es brutal.