domingo, 30 de noviembre de 2014

La paradoja de la comida: de las hambrunas a la obesidad


En nuestro mundo se produce una gran paradoja con el tema de los alimentos: al mismo tiempo que una de cada nueve personas pasa hambre de manera crónica, 500 millones padecen obesidad ¿Cómo se puede lidiar con que haya 805 millones de personas que apenas puedan comer y medio billón que no puedan parar de hacerlo?.
 


 A la vez que poco a poco se va consiguiendo reducir los índices de personas que pasan hambre —hemos pasado de 1.020 millones en 2009 a 842 millones hoy en día—; las cifras sobre gente que padece obesidad no paran de crecer: ya son medio billón de personas,— entre las que hay 42 millones de niños— las que tienen un problema patológico con los alimentos. Mientras una gran franja del planeta no puede acceder a la comida; otra no puede sacarle sus manos de encima.


Paradojas de nuestro tiempo
No es que falten alimentos para alimentar a toda la humanidad; haberlos los hay. El problema es que la gestión de ese papeo está regida por lógicas puramente monetarias: si tienes pasta comes, sino te quedas a dos velas. Se suele pintar al hambre, desde los medios de comunicación, como si fuera una 'enfermedad' o algo insalvable; no es así: es una situación que tiene unas causas puramente económicas y que responde a las lógicas de la industria alimentaria.

   Las dos caras de un sistema alimentario que no funciona.

'El big money' está en la especulación
Gran parte del problema alimentario procede de que son productos altamente volátiles — y que dan mucho dinero— en las bolsas de valores en todo el mundo. Qué el cereal sube mucho: mala suerte para quienes sea la base de su alimentación; Qué se dispara el precio del arroz en las bolsas asiáticas: lo van a tener hipercrudo los más 200 millones de personas que pasan hambre en Asia. Hay tres tipos de especulación alimentaria: en primer lugar, las que consisten en almacenar y mantener fuera del mercado un producto a la hora de que suba el precio; luego nos encontramos con el llamado mercado de futuros que consiste en pactar precios a años vista y finalmente se da el típico compra y vende de la bolsa para sacar pasta especulando.

 Durante la crisis, el mercado de alimentos ha vuelto a ser un gran foco de  especulaciones económicas.

Terrible problema para la infancia
El hambre es la principal causa de muerte entre menores de 5 años — unos 3,1 millones cada año—. Se encuentran sobre todo en países en vías de desarrollo, donde las vías de acceso a los alimentos son muy escasas, así como la variedad de productos que se pueden obtener — y paradójicamente, los precios de dichos bienes alimentarios, muchas veces, tienen unos precios más en la línea de los países occidentales que de los suyos—. Las dificultades de acceso a los bienes alimentarios tienen otras consecuencias muy desagradables como el raquitismo, por ejemplo, que afecta a uno de cada tres niños en los países en vías de desarrollo. Son terribles circunstancias, que se ceban sobre todo con los más jóvenes, y que a muchos les impedirán llevar una vida normal y ser productivos para su sociedad, provocando el consabido bucle sin salida de pobreza.


   La desnutrición se ceba con los más pequeños.


Un marrón que podría solucionarse con no mucho dinero
Acabar con el hambre en el mundo costaría 30.000 millones de euros, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). No es mucho dinero, si tenemos en cuenta lo que ha costado la corrupción en España desde el 2000 – cerca de 6800 millones de euros – o los presupuestos de defensas de países como Estados Unidos o Rusia. Una propuesta interesante sería abrir un proceso cooperativo para que los países no afectados por el drama del hambre, abrieran un bolsa de ayuda que sirviera para paliar este mal endémico, subsanar sus causas y evitar futuras repeticiones de esta situación, que no tiene cabida en una civilización evolucionada como es la nuestra.

Es verdaderamente brutal e incomprensible que con los recursos que hay hoy en día, haya gente que tenga que pasar hambre.           


Mano de obra barata
La cruda realidad es algo diferente. Los países donde la pobreza es extrema constituyen una bolsa de trabajo a precios muy bajos que aprovechan muchas empresas occidentales para la manufactura de sus productos. No se trata de una conspiración, ni nada por el estilo, pero es bien cierto que no van a mover ni un dedo para solucionar algo que les enriquece. Luego, las dificultades para acceder a los alimentos es un acto reflejo de un sistema económico global que antepone los intereses corporativos a los humanos.

   Sino tienes comida ni trabajo, acabas currando por lo que sea.

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