viernes, 27 de marzo de 2015

Si quieres viajar en el tiempo, vete a Kiev


No hace falta encontrar un portal dimensional para ir al pasado. Viajar ahora a Kiev es darle la vuelta al reloj y poner fecha de hace treinta años en Europa (o más). Caminando por sus coloridas calles de ladrillos vistos, uno se pregunta si habrá espacio para esta gente entre las arias de Rachmaninov y la Unión Europea. Pero quizás sea esa paradoja casi irreconciliable lo que necesite el viejo continente: un electroshock del este que devuelva la vida a su enquilosado body. Puede que ambas se necesiten para sobrevivir al duro invierno.






Todo Kiev parece sacado de una adaptación de Dr. Zhivago. Es como si te metieras en un agujero de gusano y aparecieras en la antigua URRS; donde los policías todavía van en ladas destartalados y las viejecitas venden tabaco de contrabando en la calle. Donde hay revoluciones con cientos de muertos (con incluso francotiradores pelándose a la peña). Y poco después, se vuelven a encender las grandes lamparas de araña de los edificios majestuosos como la opera, el teatro, o el ballet para volver a reabrir sus puertas. ¿Por qué? Porque siguen vivos, y a veces esa es la razón más poderosa que existe para disfrutar de la vida. Algo que a menudo olvidamos fácilmente en la vieja Europa.

A primera vista, nadie diría que en Ucrania se está saliendo de una guerra civil: los carteles de la calle lanzan destellos luminosos en cirílico; las mujeres (increíblemente guapas) caminan tranquilamente con sus mejores galas y la ciudad parece destilar una energía magnética; casi eléctrica. Pero la verdad es que las secuelas se dejan notar en una economía que está en el precipicio de la banca rota, en la que un salario puede ser perfectamente de 200e (unas 6.000 grivnas).Y en la precaria vida que tienen que llevar muchos de sus habitantes.

      
    A pesar de las heridas de la guerra, la vida cultural de Kiev es impresionante.
 
De hecho, nadie diría a primera vista, que la ciudad de Kiev fue la génesis de todo el Imperio Ruso. Dicen que por eso, Rusia nunca dejará marchar a Ucrania. ''La Rus de Kiev fue el primer núcleo urbano donde se reunieron las tribus eslavas orientales desde finales del siglo IX hasta mediados del siglo XIII'', explica el libro Historia y mitos de los pueblos eslavos, de Mijail Fiodorovsky. Es el alma de la antigua Rusia; el primer lugar donde se juntaron los diversos clanes del borde oriental de Europa (que yo imagino totalmente como los pueblos de ''Más allá del muro'' de Juego de Tronos) para formar una civilización estructurada y perdurable. 

Sin embargo, hay crónicas de geográfos árabes que dan a la ciudad una historia mucho más antigua. Los relatos de Ibn-Jurradadjbij y Al-Masudi del siglo X, dicen que Kiev ya era una urbe resplandeciente ''con más de 400 iglesias'' en el siglo V, bajo el dominio del emergente Imperio Bizantino. Puede que tengan razón, porque la ciudad transpira un lenguaje oriental difícil de ver en Europa del Este: la mayoría de edificios ''clásicos'' son de ladrillo visto y tienen pintorescos colores que van desde el ocre más vistoso al azul esmeralda.
 


   Henryk Siemiradzki (1883). Naufragio de un barco de la Rus de Kiev.
 
Sin embargo, lo que más te lleva al pasado en Kiev son las películas que echan por la tele: 'rusky' producciones de soldados y otros cuerpos militares, que aparecen luchando activamente contra el imperialismo. O sea, contra Estados Unidos. Pero, lo más sorprendente es que en muchas de ellas, Stalin es un tipo paternal y bueno, que suele fumar pipa y dar consejos sabios. Una especie de tío Sam de las estepas siberianas. Y muchos de los ucranianos deben pensar que por ahí van los tiros, porque fuera de Kiev, en la conflictiva región de Donbass, casi todos quieren volver a estrechar lazos con la madre Rusia.

Esa especie de canto de la Unión Soviética está todavía muy presente en la vida cotidiana de Kiev (por no hablar del resto del país). Se ve claramente en el gran mercado negro que todavía existe en la ciudad, donde se pueden encontrar todo tipo de objetos; en las viejecitas de la calle que intentan ganarse algunas grivnas vendiendo rosas o pasteles bajo el demoledor frío. Pero también, se ve en el espíritu indomable de la gente que se sobrepone a la miseria para seguir produciendo arte y seguir disfrutando de la vida. Porque eso es casi lo único que tienen: lo más importante.  

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