sábado, 24 de octubre de 2015

Los 'sherpas' que saltaron desde la cima del mundo



Se llaman Sanobabu Sunumar y Lakpa Tshiri, y suya es una de las aventuras más cañeras de la última década: saltar desde la cima de Everest para acabar aparcando una piragua a orillas del Índico. Por el camino, una ascensión hasta la cumbre de la montaña más alta del mundo (Everest, 8.448 metros), un salto en paracaídas desde la cima. Y una travesía en kayak desde los rápidos que nacen en los glaciares del Himalaya hasta las alargadas playas del sur de la India.

  


Para la mayoría, el gran reto es llegar hasta la cima. Sin embargo, para éstos dos amigos nepalíes de eléctrica y chispeante carcajada era sólo una parte de su viaje. El primer peldaño de una aventura épica que les llevó a saltar en parapente desde la montaña más alta del mundo. Para después, coger un kayak y descender por los frenéticos ríos que bajan desde la cordillera de los Himalayas hasta los mares del sur. Su osadía, les valió el Premio National Geographic a los aventureros del año.

    
'En la carretera', sin apenas medios
Ambos consiguieron superar este periplo sin apenas recursos. De entrada, no tenían los 50.000 dólares básicos (para pagar el material, las provisiones, los permisos...), que resultan indispensables para esta hazaña. Lo solucionaron con picaresca y voluntad: mientras Sunumar (que era un sherpa con experiencia) coseguia refugio, comida y material entre sus camaradas de los campamentos extranjeros; Lakpa se encargaría de guiarlos la expedición en kayak hasta el mar.

''Vamos a Everest; no tenemos sponsors, no tenemos equipo, pero vamos a ir''. Esa fue la promesa que se hicieron Sunumar y Lakpa para llevar acabo su aventura, pese a su total escasez de medios. Para cumplirla, tuvieron que escalar Everest y saltar de estrangis desde su cumbre. Eso les echó al ejército encima. Milagrosamente, consiguieron zafarse de las tropas, metiéndose a toda prisa en los mortíferos rápidos del río Sun Koshi. Su aventura seguía. Uno de ellos, Sunumar, no sabía nadar. 
 
    Lakpa y Sunumar en su camino hacia la cima de Everest.

Dos partes complementarias de una misma locura
Sunumar y Lakpa eran toda la tripulación de un viaje mitad epopeya, mitad harakiri. Para colmo de males, sólo Sunumar era un experto escalador (que era el sherpa propiamente dicho); mientras que Lakpa era el experimentado piraguista. De hecho, Sunumar no sabía ni nadar. Aún así, tiraron las piraguas, a toda prisa, en los rápidos del río Koshi (el más rápido de todo el mundo). Un rugiente caudal que recoge cientos de afluyentes que bajan desde la cordillera de los Himalayas. 

Sin embargo, los dos estaban dispuestos a poner su vida en el tablero por vivir una aventura con la que nadie se hubiera atrevido todavía. Para ello, hicieron un pacto de supervivencia que algunos podrían interpretar como una declaración suicida: ''Tú me llevas hasta la cima de Everest (Lakpa a Sunumar); y yo te llevo a través desde los Himalayas hasta el mar''. Así sellaron el pacto que les mantendría en el 'camino' durante dos meses hasta llegar a las costas de Calcuta en el mar Indico.


         
        Antes de su 'vuelo', se creía que nadie podría saltar desde Everest.


Una odisea a través de hielo, mar y aire
Su aventura comienza en el campamento base sur de Everest (a 5.360 mts, en Nepal). En la ruta sureste a la cima. Desde allí, fueron obteniendo recursos en los campos de expediciones occidentales, gracias a los sherpas amigos. Ya divisaban la cima cuando tuvieron que saltar poque Lakpa se ahogaba a causa del poco oxigeno que les quedaba en los tanques. La cima se les quedó a escasas horas, pero habían conseguido escalar Everest casi sin dinero. Su viaje justo empezaba.

45 min después de abrir el parapente, aparecieron en las cercanías del río Koshi (en su devenir por el valle que forma Everest con otros picos gigantescos como el Lhotse, Nuptse o el Ama Dablam). En los rápidos más  endiablados del mundo. Cogieron el kayak y  apuntaron rumbo a India. Rumbo a Calcuta. Por los afluyentes del Ganges. Durante el viaje una banda de bandidos indios les despluma y tienen que alimentarse de los árboles frutales que crecen en el margen del río.  

     Sunumar y Lakpa, con el aspecto de ser dos tíos muy felices en la vida.


''Sin aventuras, no vives la vida real''
Lakpa lo tenía claro: existir es estar en peligro. Y eso despierta lo mejor (y lo peor) del ser humano. Su ambiciosos planes también eran por su país: querían ver alzarse una bandera nepalí en una tierra repleta de logros extranjeros, que ignora el papel de sherpas y nacionales en tales hazañas. Por ello, decidieron hacer lo que nunca nadie había hecho: saltar desde la zona 'muerta' de Everest (por encima de los 8.000 metros, donde ya no se puede respirar) y llegar en canoa hasta el mar.

Para muchos era un salto inviable, debido a las condiciones atmosféricas que se generan cerca de la cima de este coloso (fuertíssimos vientos, bajísima presión, aire poquísimo denso). Y que crean un clima muy adverso para el parapente. Pero, Lakpa y Sunumar decidieron jugársela (por que la cosa podría haber acabado fatal) en pos de alcanzar la gloria. Y vaya si lo hicieron. En Nepal nadie olvidará su nombre, y se han ganado un hueco en la vitrina de los grandes aventureros de la historia.

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