lunes, 7 de diciembre de 2015

Tiger Temple: el hogar de los tigres 'budistas' cerca de Bangkok


El templo de Wat Pa Luang Ta fue construido para ser un lugar de tranquilidad y evasión en las lejanías de Bangkok, pero llegó a ser el hogar de casi 150 tigres. La particular (y explosiva) naturaleza de sus inquilinos, le ha valió el sobrenombre de Tiger Temple. Un lugar de culto donde más de un centenar de estos grandes felinos compartía paseos con jabalíes, buffalos y otras especies en singular armonía. Esta es la historia del ya legendario Templo del Tigre. 




 
Todo empezó con un duro gancho de esos que suele repartir la vida: al ahora abad del Templo del Tigre, Luang Tan Jan, le diagnosticaron leucemia. Era el año 1966, y los doctores le daban apenas unos pocos meses de vida. Desolado, decidió refugiarse en los bosques y convertirse en monje durante el escueto tiempo de existencia que le restaba. Pero, Jan sobrevivió. Y durante los años venideros vivió en lo profundo de la floresta tailandesa, meditando sólo en compañía de animales salvajes. 

Vuelta a la 'civilización'
Tras varias décadas meditando en la naturaleza, Luang decidió instalarse en un sencillo monasterio a 200 km de Bangkok; cerca del parque natural de Erawan, donde se refugiaban ascetas intinerantes durante sus viajes. Paradójicamente, a escasas millas de distancia, un taxidermista intentaba disecar a un joven cachorro de tigre sin éxito. El animal había sobrevivido a los primeros compases de la intervención, y según las creencias populares tailandesas, eso le daba el derecho a recuperar su vida. 

   El taxidermista le arrancó piel y parte de la vida, más no pudo acabar con él.

Unos aldeanos tomaron al maltrecho y drogado cachorro (que tenía parte de la piel de las espalda arrancada) y lo llevaron hasta el refugio de éstos religiosos errantes. Allí, durante semanas, Luang cuidó al pequeño tigre hasta que milagrosamente sobrevivió. Ambos le habían ganado un desigual pulso a la muerte, y según el abad, eso creó un extraño vínculo entre ellos. El felino quedaría para siempre afectado y débil, pero no solo: El abad decidió adoptarlo y cuidar de él en todo momento. 

Empiezan los problemas: los animales llegan en manada
Después de adoptar a ese primer cachorro de tigre tailandés, empezaron a llegar más animales al monasterio. Primero, fueron los tigres huérfanos y perdidos que habían sobrevivido a los furtivos, y que los lugareños encontraban y llevaban al templo. Luego fue una familia de jabalíes que se encontraba de paso y ya no se marchó. Luang, pronto se vió regentando un monasterio con todo tipo de animales que coexistían en una extraña familia. Pero, los problemas sólo acababan de comenzar.

                        El templo llegó a albergar a ciervos, caballos y numerosos animales.   


Con una auténtica reserva en marcha (que incluía buffalos, ciervos, pavos reales, caballos y otros animales) empezaron a llegar los innevitables problemas de logística: ¿Cómo alimentar a todos eso animales?¿De donde sacar los recursos? Al principio, el abad compartía su frugal comida con las fieras, pero a medida, que el monasterio se desbocaba, crecían los problemas. Convivir con una manada de tigres y darles poca comida es un problema acuciante que puede acabar en tragedia. 

Llegan los blanquitos a la selva

Para más complicación, los animales vivían todos 'juntos': los tigres paseaban tranquilamente de la mano de los monjes; los demás animales pastaban por los campos cercanos al monasterio, y la vida transcurría en una engañosa tranquilidad. Una vida ilusoria porque no había dinero en las arcas del monasterio, y Luang cuidaba a una manada de una docena de tigres, caminando a sus anchas por la floresta. ¿Cuánto tardarían en comerse a un monje si no recibían su dosis de carne diaria?
 

   El aspecto final del Tiger Temple resultaba más inquietante que otra cosa.
 

¿La solución? El turismo. Tailandia es el destino turístico por excelencia del sureste asiático; y en las postrimerías del nuevo milenio, Luang pensó que organizar visitas guiadas al templo podía proveerles de los recursos que necesitaban. Pocos meses después de que se abriera al público, el templo recibía decenas de miles de visitas mensuales. Se había convertido en un parque de atracciones. Y mientras tanto, las organizaciones pro-derechos animales se les echaban encima. 

Dinero, tigres y éxito
Varios años después, el templo ya contaba con casi 150 felinos, organizados en turnos febriles para hacer espectáculos ante cientos de mochileros. Que se hacían selfies en cadena con unos felinos sospechosamente puestos. Varias entidades para la protección de la vida silvestre y salvaje, como la Asociación de amigos de la vida salvaje en Tailandia (WFFT) o el propio Departamento Nacional de Parques de Tailandia, les ponían en el punto de mira por ''comercializar con la fauna salvaje''.

     El subidón del éxito  llevó a los monjes a construir mega estatuas felinas.
 
Ambas organizaciones pro-derechos animales (y un gran grupo de voluntarios occidentales que habían estado allí) acusaban al Tiger Temple de exprimir a los tigres para construir un nuevo santuario de “opulencia vaticana”. Además, involucraban a sus dirigentes en una trama de contrabando de felinos con el vecino Laos; a donde supuestamente eran llevados para estimular programas de crianza. Finalmente, a finales de 2014, el Tiger Temple cerraba sus puertas.

¿Cuál será el futuro del tigre en el área?
Antes de la llegada del abad Luang, muy pocos habían visto un tigre en el distrito de Kanchanaburi. Los propios guardabosques del parque nacional de Erawan (que está muy cercano al templo) reconocían que ninguno habían topado con uno de los cuarenta que quedaban en el parque. Y que el templo, en sus orígenes, era una espléndida medida para la conservación de una especie muy perseguida en Tailandia por la demanda de su pellejo en la medicina tradicional china.

  El futuro del tigre, con todo su majestuosidad, parece complicado y poco esperanzador. 

Sin embargo, parece ser que a medida que crecían el propio refugio, iba transformando su naturaleza en algo más comercial y opaco. Desde que cerraron el Wat Pa Luang Ta, los más de 150 tigres, que lo habitaban, han sido relocalizados en diversos parques naturales de Tailandia y en el cercano de Erwan. Ninguno de ellos podrá vivir bajo la adrenalina de la canopia boscosa, pero quizás sus descendientes puedan vivir en libertad, y el Tiger Temple haya servido para mucho.

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1 comentario:

  1. Me parece una nota interesante ya que se limita a comentar un acontecer real sin tomar partido y que cada cual tome sus notas y saque sus propias conclusiones ,,,, tiene mucha frescura

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