miércoles, 17 de agosto de 2016

El susurro del oro inca

“El Paititi” susurraban las lenguas quedas entre los refugiados de las últimas fortalezas incas ante el avance inexorable de las tropas españolas. Literalmente, se referían a la “ciudad del tigre”. El enclave selvático secreto donde, según las leyendas populares, había escapado la esposa del último inca, llevándose un grupo de 300.000 refugiados y 20.000 llamas cargadas de oro. Con increibles tesoros como la decimétrica cadena de oro en forma de serpiente, que nunca llegó a heredar el inca Huascar.





Era el grueso del oro inca, que los españoles nunca llegarían a encontrar. Un tesoro entre los que, supuestamente, se escondía el disco solar de cuatro metros que refulgía en el templo del sol de Cuzco. Y cuya pista se esfumó en las estribaciones de los andes amazónicos, tras la caída del último refugio inca, Vilcabamba, junto con más de un cuarto de millón de personas. Nadie supo nunca más de ellos, pero fueron muchos los que perecieron persiguiendo su pista por la selva.

La huida al mundo del jaguar
La tradición andina relata que la esposa del último soberano quechua (el inca Atahualpa) habría escapado a una urbe-refugio en la selva a través de una red de ciudades secretas ocultas en los andes amazónicos. Y que se llevó con ella, lo más significativo del imperio hacia la selva post-andina. Al mundo del jaguar, hogar de los fieros indígenas; a quienes los incas temían y llamaban “Anta”.

    
      Algunas tribus indigenas de esa área son todaví 'no contactadas' y disparan a los foráneos.

Esta ruta de evasión, pasaría por las llanuras altiplánicas cercanas a Cuzco, para colarse entre las nieves perpetuas de los picos Verónica, Salkantay o Sacsara. Tres moles de 6.000 metros de media, que formaban una cortina de hielo natural, tras las que aparecían una red de ciudadelas. Algunas ya conocidas como el caso del Machu Pichu, o de la parcialmente desenterrada y enigmática Choquequirao. Otras permanecen abandonadas en el corazón de un territorio sin ley.

La ciudad perdida podría ser encontrada
La historia concuerda en que los incas resistieron en su reductos de Vilcabamba hasta 1572. Los supervivientes no volvieron a ser vistos. Pero, ¿a dónde fueron? La crónica de un misionero italiano, recuperada de los archivos del Vaticano por el arqueólogo italiano Mario Polia, podría tener la respuesta. En ella, se describe con precisión el emplazamiento de una ciudad llamada por los indígenas “Paititi”; rica en oro y piedras preciosas. 

   
       Los incas acostumbraban a construir ciudades en la cima de montañas bastante altas.

Su ubicación estratégica en las paredes rocosas que se levantan entre el rio Urubamba y el Madre de Dios la convierten en uno de los lugares más inaccesibles de Suramérica. Y más peligrosos. Antaño, el peligro eran los animales de la selva y las flechas envenenadas de los Matsiguengas y Kuga Pari (que ahí siguen). Hoy son los disparos de los traficantes de coca y los mineros. Que se han adueñado de unos territorios reconditos, formando un auténtico territorio fuera de la ley.

El espíritu Indiana Jones
Los manuscritos señalaban la misma área en la que el famoso explorador Thierry Jammin lleva investigando durante dos décadas. La zona donde la cordillera de los Andes se encuentra con las selvas del bajo amazonas, creando un laberinto de picos, barrancos y ríos. El refugio perfecto para los procesadores de cocaína y los celosos mineros ilegales. Un lugar de lo más letal donde muchos han muerto.


Esta ciudad podría ser la mítica Valla Pichu de la que hablan los campesinos quechuas.

Jammin logró conseguir el apoyo de indígenas, cazadores y campesinos durante décadas de exploraciones. Algo excepcional en un territorio donde el ejército raramente se atreve a entrar, y donde han perecido numerosos exploradores. Gracias a ello, localizó 40 sitios arqueológicos incas, situados en una compleja red que llevaba hasta un misterioso e inaccesible enclave, rodeado de lagos. La mayoría de ellos permanecerán en estado de abandono;están más allá de donde le gobierno se atreve a entrar.  
El misterioso pico urbanizado
Las investigaciones del explorador francés le llevaran a él y a su equipo, durante este verano, hasta la cima de una kilométrica pared vertical en cuya cima creen que se halla la famosa ciudad pérdida del Paititi. Se trata de una extensión en forma de cubo, que corona una escarpada montaña que se pierde en un mar de niebla. Y que cumple con las leyendas de los Matsiguengas sobre el emplazamiento de la famosa ciudad perdida. Pronto, la leyenda podría cristalizarse. 

   
   Una vista satelital de la investigación muestra una estructura cuadrada nada casual.
 
Al este de esta montaña cuya cima presenta el tradicional diseño inca cuadrangular, se despliegan dos lagos gemelos. Y otra vez, un lago con la característica forma cuadrada. La presencia incaica se asoma otra vez entre la niebla. Pero, la pregunta que muchos se hacen es: ¿Permanecerán allí las incontables riquezas desaparecidas del imperio inca; o habrán llegado primero los escurridizos ladrones de tumbas.


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