sábado, 3 de septiembre de 2016

El misterio de las anacondas gigantes

¿Y si las anacondas gigantes que poblaron las selvas latinoamericanas hace sesenta millones de años no se hubieran extinguido? ¿Y si ellas o una especie muy parecida siguiera viviendo en las profundidades del Amazonas? No se trata del guion de una peli de serie B de los 80, sino de una realidad documentada desde los años de la invasión española. La de unas de serpientes gigantes, que heredaron el mundo de los dinosaurios y todavía podrían permanecer en el nuestro. 




El ejemplar de anaconda más grande conservado en museos mide 9 metros. En las selvas tropicales latinoamericanas, se han documentado especímenes de hasta 50. En el pasado, los indígenas las tomaban por diosas del río y se retrataban cabalgándolas por el cosmos. La llamaban “Yacumama” o “Suriju”, la madre del río. La misma que aterrorizaba a exploradores y aventureros y que podría haber heredado el mundo que dejaron los dinosaurios tras de sí.  

Fantasmas subacuáticas
Los bosques fluviales del Amazonas son islas y penínsulas atravesadas por gigantescos canales de agua subterránea. Son la parte invisible de un mar que acumula 1/5 parte del agua del planeta. Las anacondas gigantes son el fantasma de sus profundidades. Gigantescas serpientes con un cuerpo, engastado en mito, leyenda e historia, que han mantenido desconcertada a la ciencia desde la invasión española de Sudamérica. 


Recientemente, el fotógrafo suizo, Franco Banzi capturó en una serie de instantáneas a una anaconda de 8 metros en Mato Grosso (Brasil). 

Las anacondas son una subespecie acuática de la familia de las boas (una serpiente constrictora originaria de los bosques tropicales de Latinoamérica). En el Amazonas, son incontables los testimonios orales, escritos, fotográficos y escritos de anacondas que medían de 30 a 50 metros. Se especula con la posibilidad de que puedan ser las descendientes de las Titanoboas Cerrejensis, una macro anaconda que heredó el mundo de los dinosaurios. 

Herederas de los dinosaurios
Hace 60 millones de años, la Tierra era el territorio de los gigantes. Un gran laboratorio que hervía cotejando la información del declive de los saurios. En los humedales de Latinoamérica, su heredera era la Titanoboa Cerrejonensis: una bestia que sobrepasaba la tonelada de peso y la decena de metros. Era la reina de la selva, ¿pero realmente se extinguió? O, ¿estamos ante los descendientes de este colosal sérpido?


La combinación de Ayahuasca y mega anacondas crearon una cosmovisión selvática de lo más surrealista.  

“Mi abuelo mató a una anaconda de 30 metros con su rifle”, me dijo una joven kucama bajo una noche estrellada en el amazónico río Marañón. Esa declaración, compartida bajo la mirada centelleante de un caimán al que observábamos, me hizo tomarme estas leyendas en serio. Y es que, desde los años de la invasión española (cuando las crónicas empiezan a plasmarse por escrito), se narran los encuentros frecuentes con anacondas que superan todo lo visto por la ciencia. 

¡Monstruo a babor!
Muchas historias tribales de las selvas tropicales hablan de anacondas gigantescas de dimensiones monstruosas. Los nativos amazónicos dicen que son mortalmente rápidas en el agua, donde pueden quebrar una embarcación pequeña, y muy lentas en tierra. Estos relatos salvajes impulsaron a muchos expedicionarios del siglo XX a ir en su búsqueda. El aventurero alemán, Up de Graff, fue el más famoso de ellos; al fotografiar un ejemplar de ¡35 metros!


El ejemplar encontrado por De Graff, supuestamente, medía 35 metros y pesaba 4.000 kilos.

Otro intrépido teutón, P. Victor Heinz, asegura en sus crónicas de viaje, que en 1922, una anaconda gigante embistió contra su bote, partiéndolo en pedazos. Una comisión peruana-brasileña cazó una de 25 metros en los afluentes del Putumayo. En el fuerte Abuña del río Guaraporé (Brásil) dieron muerte a otra de estas macro bestias que medía más de treinta metros de largo y pesaba 400 kilos. Estas crónicas se remontan (escritamente) hasta los primeros años de la invasión española del Amazonas.

La tierra se mueve
Según los indígenas del Amazonas, estas serpientes pueden crear pequeños corrimientos de tierra y cambiar el curso de riachuelos en su recorrido bajo suelo. En 1997, se produjo en Tacna, en el bajo Amazonas, un corrimiento de tierra que arrasó todo lo que había en un radio de 500 metros de largo y 50 de ancho. Las autoridades municipales lo atribuyeron a una gran anaconda que había despertado de su letargo. Los testigos aseguraron que vieron algo meterse en el río.


Llamada Yacumama o Sachamama en Perú,  se la considera como el espíritu cósmico del río. 

Mike Warner es un cazador, obsesionado en dar con esta especie; a quien llama “boa negra”. Según él, los nativos de las selvas centroafricanas y los amazónicos utilizan palabras con idéntico sentido para describir a este animal. La llaman: “La que lleva el agua consigo”. En referencia a un mecanismo que habría desarrollado este sérpido para acumular agua en su cuerpo. Con el objetivo de transportarla hasta recónditas madrigueras para crearse un entorno acuático donde hibernar.

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