lunes, 3 de octubre de 2016

Los primeros surfistas de la humanidad

Los primeros humanos en desafiar el batiente de las olas contra el lecho marino no fueron fieros maoríes desafiando los laberintos de coral. Ni los ancestrales aborígenes de las islas Adaman al mecerse entre el oleaje que lleva hasta sus inalcanzables dominios; como puede sugerir nuestra imaginación. Fueron los pescadores de la brumosa y casi infinita playa peruana de Huanchaco; quienes hace ya 5 milenios desarrollaron el arte de ‘volar’ sobre las olas.



Desarrollaron la semilla del surf como consecuencia del inclemente oleaje de su área de pesca en el norte de Perú. Lo hicieron a través de la construcción de unas aerodinámicas barcas conocidas como “Caballiitos de Totora” que les permitían ‘cabalgar’ las olas a su regreso de las zonas de pesca; mar adentro. Todavía se encontraban en pleno neolítico, sí; pero desarrollaron una embarcación ultraligera e insumergible que les permitía deslizarse por los rompientes. Y que con el tiempo empezaron a utilizar para divertirse y competir. Nacía el deporte.

Equilibrio en el neolítico
Los humedales de la costa norte de Perú no sólo fueron uno de los primeros lugares donde el ser humano empezó a practicar la agricultura, no. Fueron, también, el hogar de los primeros dispositivos surferos de la humanidad. Aerodinámicas embarcaciones, llamadas “caballitos de Totora”, en la que los primeros jinetes oceánicos se mantenían semierguidos para guiar a sus embarcaciones desde las zonas de pesca (mar adentro) hasta la costa. Por el camino, olas alargadas y transversales que siguen creando un muro de agua gris difícil de franquear.


        El arte de cabalgar olas se remonta hasta el amanecer de la humanidad.

La estructura de estos barcos es delgada y afilada, dándole la forma de un pequeño estilete. La mayoría de las embarcaciones tenía un pequeño agujero en la superficie con la forma de un pequeño cajón, donde apenas cabía un hombre. Y donde transportaba cargas de hasta 50 kilogramos de pescado. Transportarlas a través de esas grandes pantallas de agua, que se levantan en el horizonte y atraviesan su bahía, era un reto impecable. No digamos coronar las olas y aprovechar su fuerza para recorrer las olas que separan el horizonte de la costa.

Caballito versión redux
Las alargadas barcas de pescadores de la bahía de Huanchaco y el área de Lambeque dieron paso a una versión deportiva; una surfera. Estas nuevas embarcaciones eran (y se siguen siendo) más estilizadas y estrechas. Entre los dos grandes racimos de cañas que forman el artilugio había un pequeño espacio para colocar los pies. Estaban concebidas sólo para la práctica del surf. Una actividad que quedaría retratada en las cerámicas de la posterior cultura virú, donde se retrataban hombres cabalgando el océano, protegidos por cascos.


     Los moradores del norte del actual Perú fueron los primeros 'dueños del mar'.

Lo hicieron desde las áreas cercanas al Ecuador, pasando por Panamá hasta Chile, con el fin de intercambiar joyería sofisticada. Durante sus viajes, difundieron el uso de numerosos alimentos andinos como el camote, la yuca, el camote o la calabaza. E incluso, llegaron hasta las lejanas islas de la Polinesia; a donde exportaron la practica de la dilatación de orejas, el culto al hombre pájaro y probablemente el arte del surf. En unas expediciones que más tarde dejarían boqueabiertos a Incas (que los imitaron) y a los colonizadores españoles.

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