martes, 21 de febrero de 2017

El ballet metaurbano de Kibera

El ballet metaurbano de Nairobi se ubica donde los desgastados suelos del ghetto de Kibera se encuentran con el Cascanueces de Tchaikovsky. En una pequeña sala de suelo pulido por décadas de febril uso, en medio de uno de los mayores suburbios de África, entrenan los jóvenes que buscan trascender de su día a día a través de una de las artes escénicas por excelencia: la danza. Una disciplina que permetirá a algunos saltar y elevarse de sus penalidades cotidianas en uno de los mayores suburbios de África; y a otros trazarse un camino en el exigente mundo del ballet.



En este ballet clàsico nacido en las entrañas de la críptica de la metaciudad de Kibera (su población es de 1 millón de personas), los alumnos utilizan una de las únicas herramientas que el dinero no puede comprar: la imaginación. Con ella, y con la ayuda del profesor Michael Wamaya, diseñan un estudio en su mente donde hay barras, espejos y equipación; en lugar del frío cemento que les envuelve. Esta inspiradora iniciativa forma parte del programa de actividades de las ONG One Fine day.

Equilibrio en clave de suburbio
Del polvo de las calles de Kibera a las focos del Teatro Nacional de Nairobi. Esa fue la historia de algunos de los jóvenes que participaban en el programa. Pero, la realidad de los efectos de esta inciativa es más profunda: está bajo la piel. Una de los principales objetivos de esta escuela, apoyada por la ONG One Fine Day, es promover el equilibrio físico y mental de estos jóvenes. Muchos de ellos viven en condiciones de extrema dureza.


El equilibrio del ballet como metáfora de la superviviencia puede ser vital para estos jóvenes. Fotografías de Frederik Lerneryd.
La danza es, para el centenar de niños que acuden a estas clases, un medio de encontrar el equilibrio en el caos. Una salva enmedio de la tormenta. Sin embargo, para otros como la incipiente estrella, Joel Kioko, será un trampolín a la fama."Desde el principio, cuando se unió al ballet, no hablaba de nada más", dice su madre, Angela Kamene; quien le crió en una humilde casa de una sola estancia en pleno Kibera. Ahora, sus profesores esperan que sus puntadas kiberenses le lleven a los principales escenarios del planeta.

Las voces del baile
Para los jóvenes kibereños esta oportunidad puede representar una delga línea de flotación en medio del segundo arrabal más grande de África. "Mis amigos me animaban a que aprendiera baile y nunca me he arrepentido de la decisión de dedicarme a ello", cuenta Beatriz; una preadolescente entusiasta del baile. No es la única. En un mundo, donde los futbolistas son 'dioses' indiscutibles hay chavales que también se animan con el baile. Como George, que a sus 13 años, ve más allá de los prejuicios: "Al principio, mis amigos me aconsejaban no practicarlo, porque decían que era para chicas". Y sigue: "Decidí ignorarlos y ahora puedo decir sinceramente que este arte ha ampliado mi visión del mundo".


La vida de muchos adolescentestomará un rumbo totalmente nuevo tras esta experiencia. Fotografías de Frederik Lerneryd.
Palabras mayores en un mundo donde la media presupuestaria por persona/día es de tan solo 1€. Donde los alumnos practican descalzos para no estropear el preciado material que llega de las donaciones. Y practican sus ejercicios en una barra imaginaria junto a una pared pulida por el uso. Para la mayoría de ellos será un ejercicio que les transmitirá una disciplina fundamental para salir de su difícil situación. Pero, algunos. Pocos, pero algunos, conseguirán que sus pasos les lleven a 'triunfar' en el mundo.
 
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