martes, 30 de mayo de 2017

La República de Skateistán raila en medio de la guerra

El skateboard se ha convertido en el deporte más practicado por mujeres en un Afganistán desangrando por la guerra. Las ruedas de los monopatines chirrían en los bordillos de lo que, hace mucho tiempo ya, fue una ciudad, un país, una civilización. Esta revolución urbana llegó de la mano de Oliver Percovich; viajero australiano, que a su paso por Kabul, encendió la mecha de lo que se ha convertido en el canto de libertad de una generación afgana marcada por las más duras complejidades.



Percovich llegó a Afganistán en 2007, persiguiendo a una novia que trabajaba como investigadora en Asía menor. Skater de toda la vida, no pudo resistirse a salir a practicar a las calles (pese a estar en zona de guerra). Allí, fue donde se encontró con una jauría de niños que alucinaron al ver un monopatín en unas calles, tomadas por el ejercito estadounidense, con constantes atentados. No lo pudo olvidar. Un año después, consiguió financiación y tablas de una compañía australiana para comenzar uno de los proyectos más locos y geniales sobre los que hemos escrito. 
Skateistán, día 0
Una de las lógicas parabólicas que impulsó a Percovich a fundar esta ONG tan cañera es que, según sus palabras, “El skate era algo tan novedoso en Afganistán que las mujeres lo podían practicar libremente porque todavía no estaba etiquetado, vedado”. Sin embargo, había un gran escollo: “Para que una mujer pudiera practicar skate en Afganistán, tenia que estar aislada y rodeada de otras mujeres”. La alternativa, dice, era complicada: “No había más remedio que construir un skatepark”. Soprendentemente, Oliver consiguió que el Comité Olímpico Afgano financiara el proyecto. En 2009, abría el primer skatepark de Afganistán. Skateistán se convertía en una realidad.
     
       Percovich cuenta su increíble historia en esta charla TEDX.
Durante estos años, la mitad de la población de Skateistán han sido niños que se ganaban el sustento en las calles de Kabul. Y de ellos, el 40% son chicas. El parapeto de las clases permitió a los voluntarios de esta ONG montar una escuela en el recinto. Donde muchas de las muchachas jóvenes pueden aprender a leer y a escribir. En un país donde la tasa de alfabetización femenina ronda el 13%, el trabajo del equipo de Percovich significa crear toda una corriente de renovación.

Railando en la guerra
La República de Skateistán, que comenzaron con una instalación en Kabul, cuenta ahora con 3 pequeños estados: el skatepark de Kabul, otro que construyeron en Mazar y Sharif (al norte, cerca de Uzbekistán). Y una nueva instalación que han levantado en Phnom Penh (capital de Camboya). Todo, bajo la cortante bóveda de la guerra, el yugo de las disputas tribales, los talibanes...Y las terribles realidades, que no llegan a nuestros ojos, pero que suceden cada día en Afganistán.

    
      Este proyecto ha tenido un impacto muy significativo en la vida afgana.
En este contexto, Skateistán se ha convertido en un refugio para los niños antes la gran tormenta que asola el país afgano desde hace treinta años. Treinta años bajo el fuego de una guerra, que comenzó con la invasión rusa en 1989 y se ha prolongado con los 17 años de ocupación del ejército americano, han convertido a Afganistán en un país con un índice de población adulta muy bajo. La guerra no perdona: el 49% de la población de Afganistán tiene menos de 15 años. La situación del país empuja a trabajar a uno de cada cuatro de estos niños. 
Disputas étnicas bajo ruedas
Percovich cuenta como vio en el patinaje una manera de trascender las divisiones entre las diversas etnias del país. “Un día patinaba en Kabul con decenas de niñas de diversas etnias; al acabar, juntaron las manos y empezaron a cantar. Allí me dí cuenta de que el skateboard podía ayudar a esta gente a acercarse entre ellos”. Esa fue la piedra de toque que le conmovió para fundar esta ONG. “Tenía 1.000 y pensé: esto es una locura; pero que carajo, vamos a hacerlo”.

Los niños aprenden a convivir con etnias diferentes y eso cohesiona la comunidad.
Diez años después, el sueño idealista de un joven que patinaba en chilaba por las instalaciones abandonadas de Kabul, se ha convertido en dos increíbles centros de patinaje en el Afganistán y dos escuelas. Una en Camboya y la otra en Suráfrica. Para mucha gente, como la joven Faranas, Skateistán es el único momento de ocio en una vida llena de asperezas. “El mejor día de mi vida fue la primera vez que fui a Skateistán con unas amigas”, relata Faranas con un increíble brillo en los ojos.
Pasaporte para la cultura global
Tenía poco más que un skate y un grupo de niños; ahora el skateboarding es el deporte más practicados por mujeres en Afganistán”, cuenta Oliver con una sonrisa inocente. Pero, la verdad es que su creación, Skateistán, se ha convertido en algo mucho más grande. En 2015, más de 1200 niños cruzaron las puertas de esta nación underground. Ahora, se imparten clases educativas en los centros que forman parte de su red y se promueve la contratación de nativos como instructores de skate.

       
    Es una imagen de Afganistán totalmente diferente de la que estamos acostumbrados a ver.

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