domingo, 21 de febrero de 2016

Llamarás JENGI a los reyes de la selva africana


Llamarás jengi a los reyes de la selva africana. Y lo tratarás como quienes realmente son: los soberanos de la jungla. No caerás en los errores en los que cayeron los clásicos como el historiador Heródoto, quien selló el nombre de esta tribu como ''pigmeo'' (término que proviene del griego pygmaios y significa ''un codo de alto''). Porque en las junglas del centro de África, se les conoce con el nombre de jengi ''los espíritus de la selva''. Y su nombre era sinónimo de leyendas y poder.

  


Este grupo étnico habita el área de impenetrable selva que rodea el este de África; desde Camerún a Burundi, pasando por los dos Congos, Gabón y la República Centroafricana. Los arqueólogos no han encontrado su origen. ''Sólo se sabe que los egipcios los descubrieron 4.500 años antes de Cristo. Su silueta se encuentra en la proa de barcos fenicios, en ánforas griegas y en mosaicos de Pompeya'', relata el periodista francés Guy Philippart de Foy, en su libro consagrado a los pigmeos.


Se encuentran en una situación límite

Sin embargo, la situación actual de esta etnia milenaria de las espesuras es límite. Sus territorios se han visto cercados por la masiva presión deforestadora que ejercen las madereras, las explotaciones mineras y los agricultores. La selva africana es tremendamente rica, y los países del área encuentran en ella una fuente descomunal de recursos para potenciar su industrialización. Esa dinámica genera una compresión y un deterioro de los espacios que habitan y de los que viven.

Y sin ellos, están perdidos. No conocen el comercio (o conocían) y sus únicos ingresos eran la carne de la selva y los frutos de la jungla. Privados de ellos, por la paradójica mezcla entre la deforestación y las políticas de prohibición de caza mayor, los llamados pigmeos se ven obligados a trabajar en las ciudades bantúes. Allí, se ven marginados por los miembros de esta comunidad tribal (mayoritaria del área) por su desconocimiento del idioma y la supervivencia en la jungla de asfalto.


Su pequeña estatura (120-140cm) es un mecanismo de adaptación. Vía Natural Geographic.

Sus opciones son un calle de difícil tránsito. Los hombre pueden trabajar como guías para los madereros. Y las mujeres proporcionando servicios para éstos. Servicios turbulentos. Porque en África central existe la superstición de que acostarse con una mujer pigmea 'cura' el VIH. La necesidad extrema obliga a muchos de ellos a caer en esta trampa diabólica; ellos se consideran parte de la selva, y tener que trabajar para quienes se ocupan de destruirla, es una pesada losa. 
 

De espiritus de la selva a fantasmas de la civilización

Las políticas de preservación de las áreas protegidas impuestas por parte del gobierno de Camerún les han forzado a abandonar su tradicional vida nómada e instalarse en las proximidades de los poblados y ciudades. Allí son empleados, bajo condiciones precarias incluso para África, por los bantúes; quienes les llegan a pagar en alcohol por caza y frutos de la selva. Lo hacen a través de las llamados kitokos (pequeñas bolsas que contienen alcoholes varios). Su consumo es muy grande. 

Su situación es y será la misma que acabará con África: las tierras ya están vendidas. El exponencial aumento de la población ha disparado el interés de los inversores sobre el mercado de los alimentos. Y su medio de producción: la tierra. Los gobiernos africanos reciben con los brazos abiertos a los inversores de China, Arabía Saudí, o India (entre muchos otros) que quieren equilibrar su balanza comercial, rebajando sus importaciones de alimentos. Las consecuencias serán muy negativas.
 


    Lo más profundo de la selva africana es su hogar. Vía Periodismo Humano.

Son fantasmas de la nueva civilización africana. Rostros e historias que provienen de una jungla olvidada y cada vez más acotada por el desarrollo de los estados y el interés de las grandes multinacionales en las grandes extensiones de tierra. Al no estar inscritos en el registro civil, no tienen derecho a tener propiedades. Y las tierras que han habitado sus ancestros durante más de 4.000 años, entran a formar parte del gran mercado de la tierra en que se está convirtiendo África. 
 

Su rica historia puede acabar desapareciendo
 
Los jengi son víctimas directas de las políticas de venta masiva de tierra que se están llevando a cabo en África en los últimos años. Es la jungla quien les da vida. Su entorno desaparece a marchas forzadas desde 2008, como consecuencia de las pasadas subidas del precio del petróleo (y a consecuencia el aumento del precio de los alimentos). Y las previsiones de los mercados a futuros, que han disparado una lucha entre los actores financieros para acaparar tierras alrededor del mundo. 

Su situación es y será la misma que acabará con África: las tierras ya están vendidas. El exponencial aumento de la población ha disparado el interés de los inversores sobre el mercado de los alimentos. Y su medio de producción: la tierra. Los gobiernos africanos reciben con los brazos abiertos a los inversores de China, Arabía Saudí, o India (entre muchos otros) que quieren equilibrar su balanza comercial, rebajando sus importaciones de alimentos. Las consecuencias serán muy negativas.


    La selva africana se encuentra en serio proceso de deforestación.

Lo serán para los llamados pigmeos, cuyo espacio se irá estrechando cada vez más entorno a las principales urbes del este de África. Y para todo el continente, donde se calcula que hasta el 80% de la tierra subsiste gracias a la agricultura familiar. Y sin tierra, no hay comida. Sin comida no hay vida. Y el canto polífonico de los pigmeos, gracias al cual se transmiten su historia, dejará de oírse en las selvas del centroafrica, por primera vez en 5.000 años. Sus alternativas son muy pocas.
Puede echarles una mano a través de la ONG española Zercaylejos.

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